Todo conflicto tiene una posible solución pacífica

Cualquier disputa tiene posibles vías de resolución no violenta. La prioridad es buscar estas vías y no propiciar ninguna de las siempre posibles vías violentas.

Las diferencias de criterios son lícitas e incluso recomendables. Pero la guerra, el terrorismo y, en definitiva, la violencia nunca solucionan las disputas. Nunca resuelven los problemas de fondo y, es más, siempre los agravan con muerte, destrucción y miseria. Hay unos elementos imprescindibles para que una disputa degenere en un conflicto violento. Estos elementos son evitables a todos los niveles, empezando por nosotros mismos a título individual y llegando hasta los dirigentes al mando de los ejércitos:

Evitar la agitación, las prisas la violencia y tomar decisiones con calma, quietud, reflexión. Evitar la codicia, la acaparamiento y el egoísmo y promover el desapego al poder y las riquezas, la generosidad y el altruismo. Evitar la superioridad, la arrogancia y el dominio y poner en pràctica la humildad, el respeto a los demás y el progreso sin subyugar a nadie. Evitar el odio, o simplemente la falta de amor, y en su lugar actuar con amor, así de simple.