La ciudadanía tiene derecho a decidir a qué se destinan sus impuestos

La participación ciudadana se incrementa cuando las personas pueden ejercer una contribución de impuestos activa, priorizando con su dinero unas partidas presupuestarias y vetando otras.

En todas las democracias los impuestos quedan en manos de los gobiernos y éstos deciden la distribución de ese dinero. En el mejor de los casos, en consulta con órganos colegiados, supuestos representantes de la población. En el peor, completamente de espaldas a la población.

Para que el mecanismo sea verdaderamente democrático cada ciudadano debería tener voz en lo que se refiere a qué se va a hacer con SU dinero. Como mínimo la posibilidad de elegir entre un grupo de opciones predefinidas aquellas que le agradan y aquellas que le desagradan.

Esta propuesta va acompañada de la necesidad de proveer los suficientes datos a los ciudadanos para que puedan tomar una decisión informada.

Sólo se consideran los impuestos correspondientes a las personas, y no los aplicados a las empresas.

Lo planteado garantizaría que:

  • Se cubrieran a cabalidad los proyectos que le interesan a la población. Un ciudadano debería poder decidir dedicar sus impuestos a combatir el cáncer o el sida, o a desarrollar mejor las energías renovables, en lugar de investigar en armamento o en la carrera espacial.
  • Se ejerciera una democracia participativa por cuanto los ciudadanos influyen en las decisiones a adoptar. Los legisladores y funcionarios encargados de este tema sólo se encargarían de los controles y ajustes pertinentes.

Es fácil vislumbrar varios argumentos en contra de este mecanismo:

  • Ciertos gastos no son populares pero son necesarios para el Estado (por ejemplo, mantener un gran ejército). A este respecto, sería responsabilidad del gobierno convencer a la población para que sufragara lo que creyera necesario.
  • Ciertos gastos básicos como los relacionados con la salud o la educación podrían verse relegados. Para solucionar este punto el gobierno podría marcar ciertos mínimos que aseguraran un buen funcionamiento en ámbitos tan básicos. También habría que introducir mecanismos para que el ciudadano sea consciente de unas prioridades globales que quizá no le afecten directamente.

En definitiva, se trata de considerar a los ciudadanos como dotados de capacidad para opinar con acierto, y no como ignorantes que no saben lo que es mejor para su país y sus vidas.

Referencias

Fuente: http://espiral.org/wiki/La_ciudadan%C3%ADa_tiene_derecho_a_decidir_a_qu%C3%A9_se_destinan_sus_impuestos

Las catástrofes ecológicas deben ser investigadas como presuntos crímenes contra la humanidad

La Corte Penal Internacional de La Haya, dedicada a establecer responsabilidades por crímenes contra la humanidad, debe ampliar sus competencias para investigar las catástrofes ecológicas y enjuiciar a las personas y organizaciones que hayan cometido presuntos delitos de negligencia.

El principio sobre el que se fundamenta el derecho internacional con respecto a las catástrofes ecológicas es "quien contamina paga", que es lo mismo que decir "a cambio de pagar, puedes contaminar".

En muchas ocasiones a las grandes corporaciones que controlan el negocio de actividades con alto riesgo de catástrofe ecológico (como las petroleras) les compensa reducir gastos de seguros aun arriesgándose a pagar una multa, porque los beneficios son mayores.

Es necesario endurecer las sanciones por delitos ecológicos haciendolas disuasivas para cualquier empresa, por más grande que sea. Porque no se trata de pagar los destrozos, sino de evitar que estas cosas sucedan, especialmente porque muchas consecuencias son irreversibles, como la desaparición de especies o la despoblación de las zonas afectadas.

Añadido a todo esto, las grandes empresas consiguen escabullirse de las responsabilidades que les toca, escondiéndose tras una red de subcontrataciones, con empresas fantasma que no son más que tapaderas. De esta manera, nos encontramos con que al final no hay nadie que se responsabilice de lo sucedido y las indemnizaciones quedan sin pagar.

Es necesario cambiar este marco legal para que las sanciones no recaigan sólo sobre empresas, que siempre se pueden declarar en quiebra y evitar así responsabilidades, sino también sobre sus directivos y accionistas, que son los auténticos responsables del desastre.

A estas personas que se siguen enriqueciendo a pesar de las catástrofes ecológicas que provoca la negligencia en su actividad es a quienes se debería perseguir y exigir responsabilidades.

El Tribunal de la Corte Internacional de La Haya es el organismo adecuado para investigar este tipo de sucesos. Sus actuales actividades se enfocan en los crímenes de genocidio, lesa humanidad, guerra y agresión. Para la investigación de estos crímenes es necesario siempre ir más allá de los responsables directos de una acción (quien apreta el gatillo no es el único responsable de un asesinato), y lo mismo sucede en las complejos contextos en los que se produce una catástrofe ecológica.

En 1976 la Comisión de Derecho Internacional aprobó la 'primera lectura' del Estatuto de la Corte Internacional Penal. En ese Estatuto figuraban los crímenes ecológicos, entre otros que también fueron suprimidos, como el tráfico de órganos, crímenes económicos, tráfico de drogas... El que se incorpore ese tipo de temas dentro de las competencias del TPI es, por tanto, un asunto de voluntad política.

Referencias

Contexto

Causas

Acciones

Proyectos

Fuente: http://espiral.org/wiki/Las_cat%C3%A1strofes_ecol%C3%B3gicas_deben_ser_investigadas_como_presuntos_cr%C3%ADmenes_contra_la_humanidad

La monarquía es un régimen político obsoleto y antidemocrático

La democracia se basa en la igualdad de derechos de todos los ciudadanos y la monarquía se basa en el privilegio automático del que gozan los reyes y sus descendientes naturales. Un concepto es incompatible con el otro y hoy en día no hay razones de peso para mantener monarquía alguna.

La monarquía es un régimen político que se basa en el hecho de que una persona es agraciada con toda una serie de derechos sobre una corona, un Estado, por el simple hecho de haber nacido en la familia oportuna. Ésta fue la garantía de continuidad en el poder de la que disfrutaron diversas familias reales durante siglos. Su justificación fundamental era de tipo confesional: el heredero de la corona siempre lo era por la gracia de Dios, que era quien ponía una alma determinada en el cuerpo del hijo de un rey. Incluso la victorias, derrotas y traiciones reales tenían una justificación divina: el rey ha muerto ¡viva el rey!

En un principio los reyes fueron guerreros, por lo general también han tenido autoridad religiosa y económica. Las luchas entre reyes (y emperadores, similar figura mono-árquica) y sus intentos por mantener el trono han sido la causa de la mayoría de guerras reportadas en la historia de la humanidad. En la época moderna y contemporanea unas familias reales fueron expulsadas a la fuerza, otras pudieron abdicar, pero algunas se han mantenido hasta la actualidad.

Quizás las reconversiones a monarquías parlamentarias tuvieron alguna razón de ser en el día en que fueron acordadas, pero ya no más. En los estados democráticos y no confesionales la monarquía no tiene sentido alguno, se mire por donde se mire.

Hoy las monarquías se mantienen básicamente gracias a un inmovilismo institucional, una falta de crítica y transparencia auspiciada por las leyes que protegen a las familias reales y una constante campaña promocional global a través de los medios de comunicación en general y la prensa del corazón en especial.

Ninguno de estos pilares se caracteriza por su solidez democrática.

Naturalmente, en un estado democrático una decisión como dar fin a una monarquía debería pasar por una consulta a la ciudadanía... si el rey o un sucesor suyo estuviera dispuesto a mantener la monarquía.

Pero en cualquier caso la abdicación o la renuncia a la sucesión en la corona debería ser una decisión adoptada libremente por las propias familias reales, por lo general integradas por personas de buena formación y conocimiento de los asuntos políticos. Si un rey se considera apto para gobernar también será apto para reflexionar y tomar una decisión sobre su propia abdicación. Si un príncipe se considera apto para suceder al rey, también será apto para reflexionar y tomar la decisión de finalizar con el anacronismo del que, al fin y al cabo, no ha escogido formar parte.

Dicho de otra manera, en el siglo XXI un buen rey o un buen príncipe es aquél que llegue a la conclusión que lo mejor que puede hacer en su reinado es abdicar.

El paso de una monarquía a una república requiere una reforma constitucional donde se recojan las nuevos formas de administración de los poderes y responsabilidades que recaían en el regente. Esta reforma constitucional debe ser fruto de un debate social y debe ser aprobada mediante referendum. Cada país decidirá cuál es el sistema de gobierno que prefiere, pero lo deseable es que las nuevas repúblicas promuevan el reparto de poderes en varios equipos y organismos, de forma que no se fomente la acumulación de poderes en una sola persona.

Referencias

Contexto

Causas

Acciones

Proyectos

Fuente: http://espiral.org/wiki/La_monarqu%C3%ADa_es_un_r%C3%A9gimen_pol%C3%ADtico_obsoleto_y_antidemocr%C3%A1tico

La lucha violenta contra el terrorismo no soluciona el problema sino que lo perpetúa

La solución al terrorismo no puede consistir en sembrar más terror. Responder al terrorismo con violencia recrudece el problema original, lo agudiza y lo fomenta. Existen suficientes precedentes demostrando que la mano dura es una medida tan populista como contraproducente. Afrontar los problemas de fondo es la solución, pero con frecuencia el gobierno y los políticos esquivan esta senda para no poner a riesgo su popularidad ante los medios y el electorado.

Generalmente los gobiernos encubren bajo la bandera de la lucha antiterrorista la legitimación de la violencia de Estado, así como las violaciones de derechos humanos y libertades civiles. Aunque amparada en una aureola de servicio a la sociedad, es necesario desenmascarar los verdaderos objetivos de la denominada guerra al terrorismo:

En el fondo el terrorismo no sólo viene bien a los terroristas, sino también a quienes utilizan su existencia como excusa para mantenerse en el poder desviando opiniones críticas y oposición. Dicho pisoteo no recibiría el mismo consentimiento y apoyo sin la existencia de terrorismo.

Es más, la historia nos muestra que los gobiernos que más énfasis ponen en la lucha antiterrorista son casi siempre los mismos que años más tarde se descubren como responsables directos o indirectos de acciones terroríficas fuera de la ley.

Referencias

Fuente: http://espiral.org/wiki/La_lucha_violenta_contra_el_terrorismo_no_soluciona_el_problema_sino_que_lo_perpet%C3%BAa

La lucha contra la miseria es la prioridad económica elemental

Todo sistema económico debe colocar al frente de sus prioridades la lucha contra la miseria. Nadie debe pasar hambre, nadie debe dormir a la intemperie, nadie debe pasar frío, nadie debe sufrir una enfermedad sin recibir atención.

La miseria es el estrato más bajo de pobreza. Consideramos que viven en la miseria aquellas personas a las que les falta alimento, techo, vestido o atención sanitaria. La inaccesibilidad a la educación y al trabajo son también causas de la miseria, y cualquier estrategia de actuación a medio plazo debe contemplar ambos problemas.

Las personas que viven en la miseria se ven sumidas en una lucha diaria por la supervivencia y contra la exclusión social que les hunde aún más en esa miseria. Esta es una tragedia cada vez más extendida que nadie debería ignorar.

La miseria siempre ha existido, pero actualmente ya no es un problema propiamente económico. Es decir, no es un problema de balanza de pagos, ni de políticas fiscales, ni de promoción de exportaciones, ni de sustitución de importaciones, ni de modelos productivos ni nada de eso.

El problema de la miseria es de carácter ético. Lo que se requiere para resolverlo es la voluntad política para quererlo resolver.

Hoy sabemos que con un minúsculo porcentaje del dinero que manejan los gobiernos en sus presupuestos de defensa o las corporaciones en sus especulaciones financieras habría recursos suficientes para eradicar la miseria. Pero ni gobiernos ni corporaciones tienen este punto como prioritario en su agenda.

También sabemos que buena parte de las ayudas aprobadas se pierden en los pasillos de la burocracia y la corrupción tanto en los países emisores como en los receptores de las ayudas.

Hay muchas cosas que podemos hacer con voluntad y ética, y cualquiera de ellas será posiblemente preferible a ignorar el problema o encogerse de brazos.

A nivel colectivo debemos buscar vías de presión para que los gobiernos prioricen la eradicación de la miseria en sus presupuestos. Al fin y al cabo gestionan un capital y unos recursos públicos que compartimos. También deben existir maneras de presionar al capital privado. Al fin y al cabo unos y otros existen gracias a que existimos como contribuyentes y consumidores.

Por lo que respecta a las políticas económicas a medio plazo, seguramente se pueden ensayar modelos de distribución que garanticen repartos de riqueza que permitan vivir a todos con dignidad. Dar con estos modelos requiere investigación y recursos, pero si se están encontrando recursos para la investigación genética o la carrera espacial... ¿Qué argumentos hay para no destinarlos a la lucha contra la miseria?

Una vez más, la puerta cerrada se encuentra en el ámbito de la ética y los intereses, y no en el de la estricta economía. Porque ¿a quién le conviene que se encuentren esos modelos económicos de mejor distribución de riqueza? Por supuesto no a quienes se están enriqueciendo con los actuales modelos.

Referencias

Fuente: http://espiral.org/wiki/La_lucha_contra_la_miseria_es_la_prioridad_econ%C3%B3mica_elemental